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Comprendiendo los atajos de nuestra mente: Distorsiones cognitivas.

Nuestro cerebro, esa maravillosa máquina de procesar información, no siempre opera de manera impecable. A veces, en su intento de simplificar el cúmulo abrumador de datos que recibe, cae en trampas de pensamiento que distorsionan nuestra percepción de la realidad. Estas trampas, conocidas como distorsiones cognitivas, pueden parecer inocuas en un principio, pero cuando se convierten en patrones recurrentes, pueden distorsionar gravemente nuestra interpretación del mundo que nos rodea. Pero ¿por qué nuestra mente desarrolla estos patrones de pensamiento? ¿Y por qué, en ocasiones, llegan a ser tan disfuncionales que afectan nuestra calidad de vida? En este artículo, exploraremos el intrincado funcionamiento de las distorsiones cognitivas, el porqué de su existencia y cómo, en determinadas circunstancias, pueden convertirse en nuestros peores enemigos. Acompáñanos en este viaje por los laberintos de la mente humana y descubre cómo es que estas distorsiones pueden influir, para bien o para mal, en nuestra vida cotidiana.
Las distorsiones cognitivas son esencialmente errores sistemáticos en nuestro pensamiento. Son como “lentes defectuosas” a través de las cuales vemos el mundo, distorsionando nuestra percepción de los eventos, de nosotros mismos y de los demás. Estos patrones erróneos no son el resultado de una falta de inteligencia o de una mala educación, sino más bien de la forma en que nuestro cerebro ha evolucionado para procesar la información de manera eficiente.
Desde una perspectiva evolutiva, el cerebro humano se ha desarrollado para tomar atajos. En la vastedad de la prehistoria, cuando nuestros antepasados se enfrentaban a amenazas constantes, era más importante reaccionar rápidamente que detenerse a analizar cada detalle. Por ejemplo, si algo se movía en los arbustos, era más seguro asumir que era un depredador y huir, en lugar de quedarse a investigar. Estos atajos, conocidos como heurísticas, eran vitales para nuestra supervivencia.
Sin embargo, en el mundo moderno, muchas de estas respuestas rápidas y automáticas no son necesariamente apropiadas o correctas. Las distorsiones cognitivas son el resultado de aplicar estas heurísticas antiguas a problemas contemporáneos complejos. Por ejemplo, la tendencia a ver situaciones en términos de “todo o nada” puede haber sido útil cuando las opciones eran tan simples como “luchar o huir”, pero en el mundo actual, con sus matices y complejidades, este tipo de pensamiento puede ser perjudicial.
Otro factor que contribuye al desarrollo de distorsiones cognitivas es nuestro entorno y nuestras experiencias vitales. Desde temprana edad, nuestra mente forma modelos del mundo basados en nuestras experiencias. Si, por ejemplo, experimentamos repetidamente situaciones de rechazo, podemos desarrollar la distorsión de “personalización”, donde interpretamos eventos neutrales o no relacionados como si fueran directamente un reflejo de nuestro valor personal.
En resumen, las distorsiones cognitivas son el producto de un cerebro diseñado para la eficiencia y la supervivencia, no necesariamente para la precisión. En el entrecruzamiento de la evolución y nuestras propias experiencias vitales, estas distorsiones toman forma, y si bien alguna vez fueron herramientas útiles, en el contexto actual pueden convertirse en obstáculos para nuestro bienestar emocional y mental.

1. Pensamiento todo o nada (pensamiento dicotómico): Esta distorsión implica ver la realidad en términos extremos y absolutos. No hay matices ni términos medios. Las personas que experimentan esta distorsión categorizan todo, en categorías extremas, como perfecto o terrible, un éxito completo o un fracaso total. Esto ignora la complejidad y los matices de la realidad y puede conducir a sentimientos de desesperación, ansiedad y baja autoestima.

2. Sobregeneralización: Sobregeneralizar significa tomar un incidente o punto de datos y aplicarlo a situaciones que no están relacionadas. Si algo malo sucede una vez, se espera que suceda una y otra vez. Una persona que sobregeneraliza podría experimentar un evento negativo y considerarlo como una cadena interminable de derrotas. Por ejemplo, si reciben una crítica en el trabajo, pueden pensar que nunca harán nada bien y siempre recibirán críticas.

3. Filtro mental (filtrado negativo): Esta distorsión ocurre cuando una persona ve selectivamente solo los aspectos negativos de una situación, ignorando cualquier aspecto positivo. Por lo tanto, la visión general de eventos, experiencias y situaciones está coloreada por la negatividad, lo que puede conducir a una visión sesgada y pesimista de la realidad.

4. Descalificar lo positivo: Esta distorsión cognitiva implica reconocer experiencias positivas, pero rechazarlas como irrelevantes, suertudas o de cualquier forma que las disminuya. La persona cree que las experiencias o logros positivos “no cuentan” por alguna razón u otra y, en su lugar, se centra en las negativas. Esto perpetúa la creencia de que nunca se logra nada bueno o se es lo suficientemente bueno.

5. Saltar a conclusiones:

• Lectura mental: Esto implica asumir lo que otros están pensando, incluso cuando no hay evidencia que respalde estas conclusiones. Alguien que “lee la mente” podría asumir que alguien los está juzgando negativamente, incluso si no tienen pruebas de ello.
• Predicción del futuro: Esto implica prever resultados negativos o desastrosos sin evidencia sólida o antes de que haya tenido lugar la oportunidad de que se desarrolle el evento.

6. Magnificación o minimización: Esta distorsión está relacionada con las proporciones y la relevancia. La magnificación ocurre cuando una persona ve cosas fuera de proporción, como errores o características indeseables. La minimización es lo contrario: la persona resta importancia a sus cualidades o experiencias positivas, quitándoles valor y significado.

7. Razonamiento emocional: Esta distorsión sucede cuando una persona cree que sus emociones reflejan la verdad (“Si me siento de esta manera, debe ser verdad”). Por ejemplo, una persona puede sentirse estúpida y asumir que es verdad, independientemente de la evidencia en contrario. El razonamiento emocional puede hacer que una persona confíe en sus sentimientos más que en los hechos, creando una visión subjetiva y emocionalmente cargada de la realidad.

8. Deberías (imperativos): La distorsión de los “deberías” ocurre cuando alguien tiene un conjunto estricto de reglas sobre cómo ellos y los demás “deberían” actuar y se castiga a sí mismo o a los demás cuando estas reglas no se siguen. Estos imperativos rígidos y exigentes pueden provocar resentimiento, frustración y culpa, tanto en uno mismo como hacia los demás.

9. Etiquetado y mis-etiquetado: El etiquetado implica asignar etiquetas a uno mismo o a los demás en función de errores y percepciones limitadas. Es una forma extrema de sobregeneralización porque se basa en un solo incidente o comportamiento. El mis-etiquetado ocurre cuando alguien describe un evento con un lenguaje emocionalmente cargado e inexacto, que exagera y carga emocionalmente la realidad.

10. Personalización: Esta distorsión ocurre cuando alguien se atribuye la responsabilidad de eventos externos, asumiendo que tienen más control o influencia sobre las circunstancias de lo que realmente tienen. Pueden culparse a sí mismos por eventos que están fuera de su control, creyendo que todo lo que sucede a su alrededor es directamente su culpa o está relacionado con ellos, sin considerar factores externos o situacionales.

Manejando y Evitando las Distorsiones Cognitivas

A pesar de que las distorsiones cognitivas están profundamente arraigadas en nuestra psicología, no estamos indefensos ante ellas. Con el conocimiento adecuado y la práctica constante, podemos aprender a identificarlas, cuestionarlas y finalmente superarlas. Aquí te presentamos algunas estrategias para manejar y evitar caer en estas trampas del pensamiento:

1. Conciencia y Educación: El primer paso para manejar cualquier problema es reconocer que existe. Familiarízate con las distorsiones cognitivas más comunes. Cuanto mejor las conozcas, más fácil será identificarlas cuando surjan en tus propios pensamientos.

2. Cuestionamiento y Análisis: Cuando detectes un pensamiento distorsionado, hazte preguntas que desafíen ese pensamiento. Por ejemplo, si te encuentras pensando “Siempre arruino todo”, podrías preguntarte: “¿Realmente siempre? ¿No hay ninguna situación en la que haya tenido éxito o hecho algo bien?”.

3. Mantén un Diario de Pensamientos: Anotar tus pensamientos puede ser una herramienta poderosa. No solo te permite ver patrones de pensamiento recurrentes, sino que también te da la oportunidad de revisar y desafiar esos pensamientos en un momento posterior, cuando estés más calmado o tengas una perspectiva diferente.

4. Práctica de Mindfulness o Atención Plena: La atención plena se trata de vivir en el presente y aceptar nuestras experiencias sin juicio. Al cultivar una práctica de mindfulness, puedes aprender a observar tus pensamientos sin quedar atrapado en ellos, reconociendo las distorsiones a medida que surgen y dejándolas pasar sin darles demasiado peso.

5. Busca Retroalimentación Externa: Habla con amigos de confianza o familiares sobre tus preocupaciones y pensamientos. A menudo, un punto de vista externo puede ofrecer una perspectiva fresca y ayudarte a ver dónde tu pensamiento puede estar siendo irracional o distorsionado.

6. Terapia Cognitivo-Conductual: Si sientes que las distorsiones cognitivas están afectando gravemente tu bienestar, considera buscar la ayuda de un profesional. La terapia cognitivo-conductual (TCC) es especialmente efectiva para abordar y corregir distorsiones cognitivas.

En última instancia, aunque las distorsiones cognitivas son una parte natural de la experiencia humana, no tienen que dominar nuestras vidas. Con dedicación, autoconciencia y las herramientas adecuadas, podemos aprender a navegar el paisaje de nuestra mente de manera más efectiva, llevándonos hacia una vida más rica y satisfactoria.

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